Requisitos incapacidad permanente total ejemplos

Requisitos para Incapacidad Permanente Total. Ejemplos Prácticos

La incapacidad permanente total es, probablemente, el grado de incapacidad predominante entre los 4 que existen: parcial, total, absoluta o gran invalidez. Es decir, el que mayor número de veces se reconoce.

Se trata de una invalidez para la profesión habitual, pero no impide trabajar en otras profesiones. La incapacidad permanente total, por ejemplo, surge frecuentemente en profesiones con mayores exigencias físicas que son incompatibles con patologías osteoarticulares u otras de índole física. También para trastornos de salud mental en profesiones con alta carga intelectual o trato de cara al público.

En estos casos es compatible cobrar una pensión por incapacidad permanente total y a su vez, trabajar en una profesión u oficio compatible con la dolencia que se padece.

Requisitos para una incapacidad permanente total

Podríamos dividir los requisitos en dos grupos: médicos y administrativos.

Requisitos médicos

En términos generales puede decirse que una incapacidad permanente total se reconoce cuando, tras haberse sometido al tratamiento médico oportuno, el trabajador no recupera la capacidad laboral suficiente para cumplir con las exigencias de su profesión habitual.

Si agotada la duración prevista para la incapacidad permanente, habitualmente 545 días, o dicho de otro modo, 18 meses, y no hay una expectativa clara de curación o mejoría a corto plazo, también procede el reconocimiento de la incapacidad permanente, aunque pueda ser revisable, dentro de los 2 años posteriores, y en su caso, puede revocarse si existe curación o mejoría.

Legalmente, el artículo 193 de la Ley General de la Seguridad Social, divide los requisitos en 4:

  1. Presentar reducciones anatómicas o funcionales graves.
  2. Susceptibles de determinación objetiva.
  3. Previsiblemente definitivas.
  4. Que disminuyan o anulen su capacidad laboral.

Tampoco es requisito que el trabajador presente una completa incompatibilidad con su profesión, sino la imposibilidad de afrontar una jornada laboral en condiciones óptimas y ofreciendo un rendimiento y productividad mínimos, en comparación a un trabajador de la misma o similar categoría.

Ejemplos de incapacidad permanente total

Aunque es posible el reconocimiento de una invalidez permanente total en profesiones o trabajos sedentarios, es más habitual y predominante que se reconozca en trabajos que precisan 

Algunos ejemplos de incapacidad permanente total son los siguientes:

  • Camarero con hernia discal y protrusiones discales, al que se había recomendado evitar la carga de pesos, flexotensión de espalda y en general, cualquier esfuerzo físico que supusiese una sobrecarga en la columna.
  • Empleada del hogar con tendinitis en ambos hombros.
  • Albañil con lesiones de columna, lumbalgias y limitaciones en la movilidad del hombro derecho.
  • Pintor con fibromialgia severa, que provoca continuas bajas médicas y no responde a tratamientos.

Como puede observarse, la mayoría de patologías son de índole física e incompatibles con trabajos caracterizados por su exigencia física.

Sin embargo, caben otros tipos de incapacidad permanente total, por ejemplo, por trastornos de salud mental, como depresión, ansiedad o distimia, especialmente cuando se realizan actividades laborales de alto nivel intelectual.

Requisitos administrativos

Para solicitar la incapacidad permanente total no se puede tener cumplida la edad de jubilación ordinaria. Además, es obligatorio estar en situación de alta o asimilada en la Seguridad Social.

Como en todas las prestaciones y pensiones de la Seguridad Social, es necesario contar con un mínimo cotizado para el reconocimiento de una incapacidad permanente total.

En caso de enfermedad común, si la persona es menor de 31 años, el mínimo cotizado debe ser, como mínimo, el equivalente a la tercera parte del tiempo entre la fecha en que cumplió 16 años y el hecho causante.

En cambio, si la persona tiene 31 ó más años, es necesario tener cotizado como mínimo, el equivalente a la cuarta parte entre la fecha en que cumplió 20 años y la fecha del hecho causante.

Y una quinta parte de ese mínimo cotizado, en este último caso (31 ó más años) debe estar comprendido en los 10 años anteriores al hecho causante o a la fecha en la que cesó la obligación de cotizar.

Cálculo de la pensión por incapacidad permanente

Para calcular la pensión correspondiente es necesario realizar 3 operaciones:

  • Calcular una base reguladora.
  • Aplicar sobre la misma un porcentaje según los años trabajados.
  • Aplicar otro porcentaje del 55% y 75% dependiendo de si la incapacidad permanente total es ordinaria o cualificada. 

Base reguladora de la pensión de incapacidad permanente

Para determinar la base reguladora por una incapacidad permanente es necesario diferencia entre:

  • Enfermedad común.
  • Accidente no laboral.
  • Accidente de trabajo o enfermedad profesional.

En caso de enfermedad común la regla general es tomar en consideración los 8 últimos años de cotizaciones, con la correspondiente integración de lagunas (completar mensualidades no cotizadas con la base de cotización mínima). Si la persona es menor de 52 años, no se toman las bases de los últimos 8 años, sino el número de meses equivalente a la cotización mínima exigible, de acuerdo con la norma explicada en el apartado anterior.

En caso de accidente no laboral, se eligen 24 mensualidades entre los 7 años anteriores.

Y en caso de accidente laboral o enfermedad profesional, se toma el salario del último año trabajado.

Porcentaje aplicable según los años cotizados

Tras calcular la base reguladora, la siguiente operación será aplicar un porcentaje sobre la misma dependiendo de los años cotizados por el futuro pensionista. Este porcentaje es el mismo que se aplica para el cálculo de la jubilación. Por los primero 15 años, el 50% y por cada mes adicional, se suma el porcentaje adicional que consta en la siguiente tabla.

Si bien, la particularidad importante a tener en cuenta, es que los años que restan hasta la jubilación ordinaria, (65, 66 ó 67 años) se consideran cotizados a efectos de calcular el porcentaje aplicable.

Porcentaje por incapacidad permanente según años cotizados
Porcentaje por incapacidad permanente según años cotizados

Porcentaje aplicable según edad del incapacitado

Una vez calculada la base reguladora y aplicado el porcentaje correspondiente sobre la misma, ya tenemos calculada la pensión inicial, pero no la final. Restará aplicar un porcentaje del 55% o del 75% sobre la pensión inicial, puesto que la incapacidad permanente total, como es compatible con el trabajo, tiene un porcentaje reducido.

La invalidez permanente total tiene la posibilidad de reconocerse en grado normal o cualificado.

Por regla general, si el pensionista tiene menos de 55 años, el porcentaje aplicable será del 55%.

Si el pensionista tiene más de 55 años, se puede solicitar un incremento del 20%, es decir, un porcentaje total del 75%, que se reconocerá si, además de tener la citada edad, se valora por el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) que el pensionista tiene ciertas dificultades para acceder al mercado laboral, es decir, encontrar un trabajo compatible con su dolencia.

Cómo solicitar la incapacidad permanente total

La solicitud de incapacidad se presenta inicialmente, ante el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) o el Instituto Social de la Marina (ISM).

Tras la solicitud se cita al interesado a una revisión ante el tribunal médico (Equipo de Valoración de Incapacidades), que emite un dictamen propuesta, reconociendo o denegando la incapacidad.

En caso de denegarse inicialmente la incapacidad o reconocerse en un grado indeseado, puede presentarse una reclamación previa a la vía judicial ante el mismo Instituto Nacional de la Seguridad Social y en el plazo de 30 días.

El citado organismo debe responder en el plazo de 45 días hábiles, entendiéndose en caso contrario, desestimada la reclamación previa por silencio administrativo negativo.

Desde la resolución o el silencio, el interesado dispone de un plazo de 30 días hábiles para presentar una demanda judicial, siendo recomendable (prácticamente imprescindible) contar con el informe de un perito médico o de un médico forense del Juzgado si se solicita justicia gratuita.